GÓTICO MEDITERRÁNEO #3
Esta semana llega la tercera y la cuarta sesión del ciclo
Tratamiento de shock + Drácula en Estambul
Jueves 16 julio, 21h Sala 1 + Sábado 18, 20:30h Sala 1 | Filmoteca Española
Esta semana sesión doble de vampiros: los monstruos que antes y mejor se adaptaron al Gótico Mediterráneo, dada su afición por el viaje y la gente joven. Alain Delon lo intenta disimular todo lo que puede en Tratamiento de shock, pero ¿a quién va engañar un médico sofisticado, amante del lujo y el poder, que ayuda a millonarios y a gente influyente a no envejecer en su balneario de la costa? ¡Y además se hace llamar Dr. Devilers! Los únicos que no lo ven son sus pacientes, esa alta burguesía francesa que se resiste a perder sus privilegios aristocráticos y quieren sentirse jóvenes y saludables para seguir explotando a las clases inferiores, esclavizando a esos pobres portugueses o españoles que nunca sirvieron para otra cosa. Es lo que está ocurriendo en el Instituto Devilers, un complejo moderno y de diseño situado junto a las maravillosas playas de Belle-Île. Tan solo una mujer recientemente separada de su adúltero marido, Annie Girardot —una nueva rica con sentimiento de culpa— empezará a hacer molestas preguntas y acabará descubriendo cómo funciona la sociedad contemporánea. Y es que el sistema no ha cambiado tanto desde las épocas feudales del Vlad el Empalador. Eso sí, mejor no hables de “vampiros”, porque nadie te creería.
La canción que suena en los créditos iniciales de Tratamiento de shock ya lo deja claro. Martinho da Vila canta una samba que dice: Paraíso de pobre es un entierro/ El paraíso es una choza de zinc/ Hay paraíso de pobre y de rico/Mi paraíso tiene hambre que mata/ Mi miseria, mi tierra, mis amores/ ¡Adiós! ¡Adiós! Con este tema y con la banda sonora de ritmos brasileños de René Koering, el director Alain Jessua nos sitúa ya en ese terreno ambiguo y discordante que tan bien trabajó en su breve pero fascinante filmografía. En Jessualandia se mezcla el humor, la sátira social, el misterio, el thriller y la serie B, con un pie en el discurso comprometido de izquierdas y otro en la broma y el juego con el espectador. Quizá por eso le costó hacer tanto sus películas, porque nadie sabía si debía tomarle en serio o no, especialmente los sesentayochistas más vinagres.
A pesar de todo, Jessua conseguía trabajar siempre con nombres de primera fila del cine francés. En este caso la Girardot y Alain Delon, que además se marcan sendos desnudos integrales entre las olas. Quizá por eso sea la película más conocida de Jessua dentro y fuera de Francia, aunque conocida de aquella manera… En Inglaterra, el cafre de Anthony Balch (mítico distribuidor conocido por sus escabrosas estrategias de marketing) la retituló Doctor in the Nude; y en España —en pleno “destape”— se hizo popular por los desnudos del tráiler, lo que ilustra muy bien el difícil encaje que han tenido siempre las películas de Jessua en las carteleras. Y que siguen teniendo hoy en día, a pesar de que algunos títulos dispersos han sido por fin recuperados.
Es cierto que a Jessua le gustaba jugar al despiste y por eso sus películas cruzaban hilos —y públicos— de alta cultura y de baja estofa en una misma sala. Y como decíamos al principio de este ciclo, no hay nada más Gótico Mediterráneo que eso. En Tratamiento de shock encontraremos imágenes tan refinadas como chocantes, que nos remiten a Los ojos sin rostro de Franju (con la que comparte un pariente del maestro de FX Charles-Henri Assola) y también al rostro femenino que aparecía en bucle en la mesa de operaciones de Méditerranée, insistiendo en esa idea de la belleza y la muerte como caras de una misma moneda. Eros y Thanatos bajo el sol, otra vez.
Y el próximo sábado, más vampiros con la reciente restauración —a partir del negativo original de nitrato— de Drácula en Estambul, la adaptación turca de la novela de Bram Stoker dirigida por Mehmet Muhtar en 1953. En esta exótica versión encontraremos todavía los castillos sombríos, los pasadizos oscuros y los murciélagos de trapo propios del Gótico clásico, pero con algunas desviaciones turcas que nos indican el camino a seguir hacia goticismos más mediterráneos. Para empezar, un Drácula más lozano y rubio (Atif Kaptan), muy poco siniestro y sin miedo a esconder sus colmillos (por primera vez en una adaptación del mito). Este Drácula tampoco tiene remilgos a la hora de asaltar la cama del Jonathan Harker de turno (Azmi: Büllent Oran) porque tiene una masculinidad más otomana y fresca. Y sobre todo, tenemos aquí una Mina (Guzin: Annie Ball) que es bailarina de revista y lo mismo te baila una samba que la danza de los siete velos, siempre luciendo ombligo, escote y las piernas. Sus múltiples números de baile, repartidos por toda la película, causaron sensación entre la audiencia de la época.
Es la película de terror turca más antigua que se conserva, y según los créditos se basa en la novela de 1928 Kazıklı Voyvoda de Ali Rıza Seyfi, que no era otra cosa que una copia bastante literal de la obra de Stoker. A la viuda del escritor le debió pillar demasiado lejos Estambul, porque si no, se le hubiera caído el pelo a Ali Rıza Seyfi, como a los responsables de Nosferatu. Lo cierto es que la película incorpora un tono mucho más luminoso y humorístico del que uno espera con Drácula, con alguna secuencia de chicas en la playa que podrían anticiparse —muy modosamente— a Vampyros Lesbos. Pero también encontramos una somnolencia muy propia de la siesta mediterránea, en esos interminables planos de paseos del protagonista por los decorados del castillo, revisando cada puerta y cada rincón con infinita paciencia. Un montaje más eficaz reduciría fácilmente veinte minutos de película, pero entonces no sería lo mismo. No sería un Drácula turco, sería uno más, uno cualquiera.
Segundo pase de Tratamiento de shock el 28 de junio y de Drácula en Estambul en agosto. Y volveremos con más rutas, próximamente en esta pantalla.
PROGRAMA DE JULIO:
(*) El jueves 30 se pondrá EUGENIE, HISTORIA DE UNA PERVERSIÓN de Jess Franco, pero en la versión de 1980.










